"-Yo resurjo, yo ahora me defiendo, conseguiré dominarte, estoy aquí para pararte. -Patética, durarás un instante. Tú huyes, cedes, a todo le temes. -¡No, yo ahora me defiendo!. -Tú no puedes, tú te rompes. -¡Me repongo!. -Te caes. -¡Me levanto!. -Te duele. -Sí, pero lo aguanto. -Todo te hiere. -Mis heridas pronto curan, ¡eres tú quien las mantiene!. -En la vida pierdes. -¡Sí, pierdes, ¿y qué?, pero aprendes!. Yo amo. -Te hacen daño. -El riesgo asumo. A veces gano. Yo decido. Soy mi alma, soy mi cuerpo. Yo digo, yo hago, yo elijo, yo cambio, yo lucho, yo siento, yo soy".
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Últimamente no puedo dejar de pensar en mi viaje a París.
Dos cosas son las que me vienen a la mente cada vez que pienso en ese viaje: el pánico que pasé en los aviones, y el prado que encontré tras mi hotel.
No puedo dejar de pensar en aquel prado tras mi hotel.
Pasé cuatro días allí, pero sólo pude disfrutar de aquel prado un día, durante 10 minutos. Ahora volvería a ir sólo para poder pasar horas en aquel prado.
En París vi muchas cosas, pero la que más se quedó grabada en mi mente fue aquel prado.
Durante esos 10 minutos que caminé por allí y me tumbé en la hierba me sentí totalmente libre, en paz, liberada, con la mente totalmente en blanco. No se escuchaba nada, la hierba estaba fresca por la tromba de agua que había caído el día anterior, veía los conejos correr libres y sin miedo por el prado. Todo era verde, todo era silencio y yo estaba en paz. No quería irme, aún no. Por primera vez en tres días olvidé el temor que sentí en cuanto pisé París de que tendría que volver a volar. Olvidé los aviones, olvidé los problemas, olvidé todo lo que no funcionaba correctamente dentro de mí, olvidé a las personas que sabía que no encajaban ya en mi vida, pero que seguía conservando por amor, o quizá por costumbre.
Finalmente tuve que irme, porque me esperaban, pero no sin antes prometerme que volvería únicamente para visitar ese prado de nuevo y tumbarme en él durante horas, y no volvería sola.
Estos días más que nunca la imagen de ese prado viene a mi una y otra vez, y no se por qué. Quizá porque lo convertí en mi segundo lugar especial, sin saberlo, y mi alma me pide justo ahora, en estos momentos difíciles para mi, tumbarme en la hierba y dejar la mente en blanco.
Otro año. Otro año que tengo tu foto ante mi, mientras
pienso en lo que escribirte. Es tu tercer aniversario, tres años desde que te
fuiste, tres años desde que te fuiste sin avisar y me rompiste el alma.
Miro tu foto y pienso “¿de verdad te has ido?”, después
de tres años sigo sin creérmelo del todo. Miro tu foto y pienso que esos ojos
jamás volverán a mirarme, jamás volveré a escuchar tu voz. Nada a mejorado, han
pasado tres años y me sigue doliendo igual, se me sigue haciendo igual de
difícil. No sé, quizá es que no soy capaz de aprender a vivir sin ti.
Es como una fisura enorme en mi ser, en mi interior, en
todo lo que soy, una fisura donde se me cuela el aire y me hace sentir un vacío
enorme. Por mucho que me empeñe en reconstruírme no puedo, no soy capaz de
construir nada sobre esa fisura que dejaste, no soy capaz de sentirme entera,
nunca volveré a sentirme completa, nunca experimentaré la felicidad absoluta,
al menos no en vida.
Te echo de menos, te echo tantísimo de menos, no sabes
cuánto duele que ya no estés, jamás imaginé que podría doler tanto, jamás
imaginé que sería tan duro!. Daría todo por poder abrazarte, por poder decirte
como me siento, poder decirte todo lo que no te dije y que llevo clavado en mi
alma como una espina. Querría decirte que te quiero con toda mi alma, que
siempre te quise, que te echo de menos y que no hay día que no te lleve
conmigo, que no te recuerde. Siempre pienso en ti, siempre te encuentro en las
pequeñas cosas, en los recuerdos. Fuiste una de las personas más importantes de
mi vida.
Mi Peter Pan, y yo tu sombra, salvo que ahora Peter no
perdió su sombra, su sombra perdió a Peter, y sin él, jamás volverá a estar
completa.
A pesar de todo eres tú el que me da fuerzas cuando
pierdo las mías, el que me hace seguir adelante y luchar, el que me hace ver
que la vida es bonita a pesar de todo. Siento que cuando te fuiste me dejaste
un poco de ese amor que sentías por la vida.
Al menos tengo el consuelo de saber que me esperas donde
tú y yo sabemos, en algún lugar sobre el arcoíris, donde los problemas se
disuelven como caramelos de limón, el algún lugar sobre el arcoíris será donde
te encuentre, y sé que cuando lo haga tú me sonreíras, con esa sonrisa tuya que
tanto echo de menos, me cogerás de la mano y me completarás, el dolor se irá y
al fin podré abrazarte y decirte todo lo que no te dije.